lunes, 27 de enero de 2025

Un alma libre

La libertad es un fuego que arde dentro de quienes no se conforman con vivir atados, aunque a veces, esa llama queme todo a su paso, incluso aquello que más amamos. Romper con una relación no es solo dejar ir a alguien; es desatar las cadenas invisibles que atan el alma a una rutina que, aunque cálida, puede ser una prisión.

Amar la libertad es entender que no todos están hechos para caminar a nuestro ritmo. Hay quienes sueñan con seguridad, mientras otros soñamos con horizontes abiertos y caminos desconocidos. Y en esa búsqueda, descubrimos que el precio de la libertad no es la comodidad, sino la soledad. No porque no queramos compañía, sino porque ser fiel a uno mismo a menudo significa ir contra la corriente, incluso si esa corriente es el cariño de alguien cercano.

Ser libre es una contradicción. Es celebrar lo infinito mientras despedimos lo que parecía eterno. Es aceptar que el amor no basta cuando nuestras alas buscan un cielo distinto. Y es, también, reconocer que el mundo necesita a los solitarios, a los incomprendidos, a los soñadores que lo cambian todo con el simple hecho de no conformarse.

Hoy dejo atrás una parte de mí, no porque no la ame, sino porque no puedo traicionar lo que soy. Y aunque mi camino ahora se sienta vacío, sé que cada paso hacia la libertad es un acto de amor por el futuro, por los sueños, y por la vida misma.

A los que entienden este sentimiento: no estamos solos. Somos pocos, sí, pero somos los que se atreven a vivir más allá del miedo. Porque al final, ser libre no es renunciar al amor, sino amar tanto la vida que no aceptamos menos que la plenitud.

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