Hace poco reflexionaba sobre lo efímero de nuestro paso por este mundo. Esa inquietud tan humana de dejar huella, de inmortalizar nuestra existencia de alguna forma: plantar un árbol, escribir un libro, hacer algo extraordinario (si se me permite la redundancia) que trascienda el tiempo. No soy ajeno a ese sentimiento, aunque mi motivación difiere. No busco reconocimiento; más bien, me encuentro aquí, dejando algunas palabras olvidadas en un rincón digital que pocos transitan, en un espacio que casi nadie explora porque, en estos tiempos, leer es un hábito en extinción.
Aun así, tengo un sueño sencillo: que algún día, alguien, por accidente o por curiosidad, se cruce con este blog. Y en ese encuentro casual, tal vez descubra algo más de lo que a simple vista se ve: mis críticas, mis pensamientos, mis sentimientos y mi forma de ver el mundo. Un retrato íntimo de lo que la mayoría no sabe de mí, pero que, por alguna razón, decido dejar aquí, como quien lanza un mensaje en una botella al vasto océano.
No soy escritor, y eso es evidente. Solo soy un ingeniero de sistemas que escribe, que critica lo cotidiano y lo trascendental, que ama y odia con la misma intensidad. Un simple ser humano buscando desahogarse en un mundo que se jacta de ser tolerante y diverso, pero que, paradójicamente, condena a quienes se atreven a cuestionar su lógica predominante.
Bienvenido a mi blog. Tal vez lo que lea aquí le incomode o hiera su susceptibilidad, pero, con todo respeto, permítame ser claro: me importa una mierda. De cualquier manera, siempre será bienvenido.
Me importa una mierda :P ... fin.
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